Biblioteques de paper: les biblioteques de la Universitat de Shiz

Y así empezó el verano. Como había aprobado los exámenes, Boq podía planificar libremente un último año en Briscoe Hall. Todos los día corría a la biblioteca de Three Queens, donde bajo la atenta mirada de un titánico Rinoceronte (archivero y bibliotecario jefe), se dedicaba a limpiar viejos manuscritos, que evidentemente nadie consultaba más de una vez cada cien años. [p. 149]

—Yo soy una simple estudiante que ayuda en las labores manuales —declaró Elphaba—. Ni siquiera entiendo lo que dice. Soy su secretaria, su amanuense. Ya sabes que no puede escribir por sí mismo, porque no puede sujetar una pluma con las patas. Yo escribo al dictado, archivo los papeles y voy corriendo a la biblioteca de Crage Hall para hacer consultas.
—La biblioteca de Briscoe Hall sería un lugar mejor para encontrar ese tipo de material —sugirió Boq—. Incluso la de Three Queens, donde estoy trabajando este verano, tiene montones de documentos de las observaciones sobre la vida animal y vegetal realizadas por los monjes.
—Ya sé que no soy una chica muy corriente —señaló Elphaba—, pero el hecho de serlo me impide el acceso a la biblioteca de Briscoe Hall. Tampoco el doctor Dillamon puede acceder, por el hecho de ser un Animal, al menos por ahora, de modo que esos valientes recursos están fuera de nuestro alcance.
—Bueno —dijo Boq despreocupadamente—, si sabes exactamente lo que buscas… yo tengo acceso a los fondos de las dos bibliotecas. [p. 159]

En años venideros (y Boq estba destinado a vivir una larga vida), el muchacho recordaría el resto del verano como un período perfumado por el olor de los libros viejos, cuando los antiguos pasajes manuscritos nadaban ante sus ojos. Indagaba solo en las mohosas estanterías y flotaba sobre cajones de caoba llenos de pergaminos manuscritos. Durante todo el verano, pareció como si las ventanas de paneles romboidales entre paños de piedra azul no dejaran de nublarse por obra de unas gotas de lluvia pequeñas pero persistentes, casi tan frágiles y fastidiosas como granos de arena. [p. 160]

Boq no tuvo tiempo ni gans de hablar de su romance cuando volvió a encontrarse con Crope y Tibbett. El Rinoceronte bibliotecario, que casi no había prestado atención a los chicos ni a sus progresos durante todo el verano, de pronto había comprendido que lo poco que habían avanzado y se había vuelto todo jadeos reumáticos y ojos atentos. Los chicos hablaban poco, cepillaban y limpiaban los pergaminos, y frotaban con aceite de avesol las cubiertas de piel y los broches de latón pulido. Sólo quedaban unos días de aquel tedio. [p. 177]

  • Gregory Maguire. Wicked. Memorias de una bruja mala. Tr. Claudia Conde. Barcelona: Planeta, 2009.575 p. ISBN 978-84-08-08581-2.

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