La bibliotecària Anonyma, el defensor librorum i els llibres lligats

Biblioteques de paper, ix: la biblioteca octogonal de Love Hall.

Seguint la dèria de recollir exemples de biblioteques de ficció, reunim quatre notes sobre la biblioteca de Love Hall, el casal dels Loveall a la novel·la Infortunio, de Wesley Stace. Des de l’origen de la biblioteca a la seva modernització, amb alguns tòpics recurrents sobre la figura dels bibliotecaris.

Por lo tanto, y para sorpresa de su madre, Loveall expresó un deseo. Hood le había ayudado. Ese deseo era el de empezar una gran biblioteca en la torre octogonal y que la institutriz se convirtiera en la bibliotecaria de la casa. Allí ya había habido una biblioteca en funcionamiento muchos años antes, pero la habitación estaba por lo demás inutilizada, excepto para albergar los pocos libros que habían sobrevivido a la destrucción o al descuido, que en la actualidad ignoraban casi por completo. La única persona que se había aventurado a entrar en ella recientemente era Anonyma, y la había oído lamentarse del vergonzoso estado de la habitación, en particular si se consideraba el valor de su contenido (ante lo cual hasta lady Loveall aguzó los oídos). [p. 74]

[…] Así pues, a los trece años recién cumplidos, Geoffroy proclamó, al carecer de una idea mejor o más inmediata y pensando sobre todo en el tema preferido de Anonyma, que la biblioteca se llenaría con libros sobre bibliotecas y libros, y que por lo tanto sólo había una persona cualificada para cuidar de la colección. La bibliofilia de Anonyma y su propensión natural hacia el orden y el coleccionismo ya eran bien conocidas a esas alturas, y sus credenciales como bibliotecaria estaban fuera de toda discusión.Lady Loveall se mostró de acuerdo al instante. Pese al hecho de que a ella no le importaban los libros, había oído que las bibliotecas estaban convirtiéndose en centros de sociabilidad en ciertas casa bien. […] Sus palabras definitivas sobre el asunto fueron francas:

— A mí no me gusta leer, milord. Siempre siento que estoy haciendo algo inferior a mí.
— Depende de a qué altura sostengáis el libro, milady. [p. 75]

Love Hall no siempre había contado con una biblioteca. La colección había empezado cuando los hombres del rey saquearon y destruyeron monasterios por primera vez y luego hicieron lo mismo con las universidades. Lord Loveall el Silencioso había escondido sus libros en la torre octogonal para mantenerlos a salvo de la rapiña. Cuando se vieron libres, El Silencioso, rebosante de éxito en su nuevo papel de defensor librorum, dedició que deberían añadirse más libros a la colección, pero no era un hombre que pudiera hacer nada a medias, y su codicioso impulso hacia la propiedad transformó la idea de más libros en la de todos los libros. La misión se tornó imposible mucho antes de que se diera cuenta siquiera, pues había subestimado en gran medida la cantidad de libros que existían. A medida que llegaban más y más en barcazas y carros repletos, no tardó en quedarse si espacio. Fue un desastre. [p. 76]

Loveall se mostró inmediatamente de acuerdo con los cambios de Anonyma. […] En su biblioteca, los libros no se apilarían de cualquier manera, como todavía era corriente, sino con los lomos hacia afuera y en vertical. No estarían atados a las barras en el centro de la habitación, una tortura medieval que aún se practicaba en alguna biblioteca de iglesia: los libros de Love Hall serían libres de moverse, aunque no debería permitirse a nadie sacarlos de la biblioteca, excepto a milord. [p. 77]

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